Es una enfermedad infecciosa producida por el virus de la rabia cuya ruta de contagio es a través de heridas por mordedura.
Las mordeduras profundas en la cabeza y cara causadas por un animal con rabia tienen más probabilidades de causar infección.
Se trata de un virus neurotrópico y una vez que llega al sistema nervioso central, la infección se propaga rápidamente a través de los tractos neuronales, produciendo infección del cerebro y después desde los nervios se propaga hasta los órganos.
Se producen grandes cantidades de virus en las glándulas salivares y en la saliva.
La disfunción neuronal puede llegar a producir la muerte.
Los primeros signos clínicos de la rabia son inespecíficos como apatía, anorexia, diarrea y/o vómitos.
Se pueden observar cambios en la actitud del animal, como volverse más solitarios o atacar de manera impredecible e intermitente.
Como es un virus neurotrópico se puede producir irritación o parestesia en el lugar de la mordedura aunque haya cicatrizado.
La combinación de una mayor producción de saliva y dificultad para tragar puede contaminar la boca, la barbilla y las extremidades anteriores.
La afección de los pares craneales puede ser focal y unilateral, produciendo distinto tamaño de pupilas, parálisis facial o de la lengua y, alteración en el tono de voz.
El diagnóstico se realiza con la prueba de anticuerpos fluorescentes directos y se usa tejido cerebral. Esto implica que muchas veces el diagnóstico definitivo y fiable se realiza postmorten.
Puede realizarse otras pruebas de laboratorio para detectar rabia premorten, pero ninguna es lo suficientemente sensible y fiable.
Es de obligado cumplimiento administrar la vacuna antirrábica una vez al año a nuestros pacientes caninos para evitar la enfermedad y prevenir su aparición en España.
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